Feature Story

Devolviendo vida a la tierra: Empoderando a las mujeres a través de una mejor gestión de la tierra en Kenia

February 22, 2017

La Sra. Esther Kuluo es beneficiaria de un proyecto de manejo sostenible de tierras financiado por el FMAM. El proyecto le ha proporcionado a ella, y a más de 11,000 miembros de la comunidad Maasai, herramientas para la planificación del uso de la tierra y aprendizaje experiencial a través de Escuelas de Campo de Agricultores.
La Sra. Esther Kuluo es beneficiaria de un proyecto de manejo sostenible de tierras financiado por el FMAM. El proyecto le ha proporcionado a ella, y a más de 11,000 miembros de la comunidad Maasai, herramientas para la planificación del uso de la tierra y aprendizaje experiencial a través de Escuelas de Campo de Agricultores.

Gracias a este proyecto puedo decir de verdad “mambo si kama zamani” (en suajili: las cosas ya no son como en el pasado), nuestra vida ha mejorado. Las mujeres ahora tenemos voz: participamos en la toma de decisiones, compartimos puestos de liderazgo y obtenemos mejores ingresos de las actividades agrícolas.” Cuenta Esther Kuluo, participante de la Escuela de Campo Ilaretok y tesorera del Comité de Gestión del Agua de Ilaterok.

Desde cualquier rincón del Condado de Narok, en el norte de Kenya, se ven grandes extensiones de paisaje pardo, adornado con árboles y matorrales de color verde grisáceo. Estas llanuras forman parte de un vasto ecosistema de tierras áridas que ocupan casi el 80% de la superficie de Kenia. Aunque a primera vista parecen adversos y hostiles, estos paisajes constituyen importantes pastizales que desde siempre han sido el sostén de diversas y numerosas poblaciones de animales silvestres y rebaños de ganado, bajo el cuidado de las comunidades masáis, quienes llaman a estas tierras su hogar.

Esther Kuluo nació en una familia de pastores masái en Narok del Norte. Creció convencida de que el rol de los hombres era cuidar el ganado, mientras las mujeres se ocupaban de criar a los hijos, atender la casa y quizás criar gallinas para obtener huevos. Como muchas mujeres de su generación, Esther se casó joven. Poco tiempo después de egresar de la escuela, la llegada de su primer hijo –y de los seis que le siguieron– significó que ella tuvo que asumir responsabilidades como madre. Alimentar a la familia era un desafío cada vez mayor, sobre todo después de enviudar.

Los masáis son por tradición un pueblo de pastores trashumantes, que arrean el ganado según las estaciones. Con los años, las sucesivas sequías, las lluvias cada vez más impredecibles y otros efectos del cambio climático dificultaban la tarea de encontrar pasturas y agua suficientes. Los animales perdían peso y morían, la capa vegetal se consumía, los suelos comenzaron a erosionarse y las comunidades luchaban para sobrevivir gracias únicamente a la cría de ganado. La degradación del suelo se generalizó y, a la par, la pobreza y el hambre se volvieron crónicos.

La gestión sostenible de la tierra es un enfoque integral para enfrentar la degradación del suelo a través de una administración mejorada, con beneficios tanto para el medio ambiente como para las personas que dependen de él. Con apoyo del PNUD, el Gobierno de Kenya y sus aliados implementaron un proyecto, financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, que busca enfrentar la pobreza y el hambre crónicos y la degradación del suelo mediante la generación de capacidades en gestión sostenible de la tierra, en especial, entre las mujeres.

El proyecto, que tuvo a Esther Kuluo y su comunidad entre los beneficiarios, contribuyó a mejorar las reservas de carbono, promover la conservación del agua y prácticas agrícolas y de pastoreo inteligentes desde el punto de vista climático, con el fin de mejorar la seguridad alimentaria, fortalecer la resiliencia económica y generar medios de vida sostenibles al mismo tiempo que se restablece la integridad ecológica de los paisajes áridos y semiáridos.

Una ceremonia de graduación de agricultoras en Narok Norte.

Aprender con la práctica

Los objetivos del proyecto se alcanzaron de la mano del modelo Escuelas de Campo. Instructores calificados trabajaron con las comunidades de Narok del Norte en la capacitación de hombres y mujeres, la primera para estas comunidades masáis. Emplearon enfoques participativos e innovadores para ayudar a los integrantes de las Escuelas de Campo a analizar y superar una serie de problemas de gestión, incluida la baja productividad y la erosión de los suelos y la escasez de agua. Además de la capacitación amplia en prácticas de agropastoreo sostenible, los facilitadores presentaron métodos mejorados de cría de ganado y producción avícola, para mejorar la seguridad alimentaria y contribuir al empoderamiento de las mujeres.

 Esther Kuluo con maíz cosechado.

Mujeres empoderadas, comunidades resilientes

El proyecto aportó beneficios directos para 11.448 agricultores (de los cuales, dos terceras partes son mujeres) y beneficios indirectos para 243.633 miembros de la comunidad. Se rehabilitaron más de 100.000 hectáreas de tierras degradadas gracias a la resiembra de pastos y la reforestación. Las mujeres ahora desempeñan un papel activo en la gestión de la tierra y la adopción de decisiones tanto en el hogar como en la comunidad. La mayor seguridad económica les permite aportar mejor a la familia y garantizar un mejor futuro para sus hijos.

"Desde que nos sumamos a la Escuela de Campo, nuestra vida ha mejorado de muchas maneras. Nos sentimos más seguras de trabajar juntas y ver las mejoras en el hogar. Ya no dependemos de la asistencia alimentaria. Tengo distintos cultivos y gano mucho más. Siento orgullo de decir que el año pasado logré pagar la matrícula universitaria de mi hijo menor.” concluye Esther.

Esta historia fue publicada originalmente por el PNUD.